Alcoholímetro y Mordidas

A más de uno lo conmovió el discurso de la diputada Sandra Lara Díaz, cuando admitió provenir de una familia disfuncional por motivos de alcoholismo, esto durante la discusión en torno al nuevo reglamento del alcoholímetro. A mí no me sacudió el mensaje, y no porque no empatice con la Sandra (faltaba más).

Hace treinta años, inicié mis pasos en el mundo del periodismo radiofónico (programa “días de radio”, XENW), el primer día que me abrieron micrófonos aproveché para denunciar que la Dirección General de Transito y Transportes, presentaba una avanzada e injustificable desnaturalización, habiendo pasado de ser la institución encargada de normar el tráfico, a una organización paracriminal especializada en la extorsión.

Treinta años ya, y pregúntenme qué se ha hecho desde entonces.

Pues me vale si no preguntan, de todas formas les digo: el cáncer siguió. La buena voluntad de Transito para corromperse, se extendió hasta instituciones como el Congreso local, donde han llegado al extremo de declarar derecho legal el privilegio del transporte urbano para atropellarnos con sus camiones (literalmente). No se nos olvide que el pulpo camionero es uno de los principales beneficiarios del caos urbano que priva en las ciudades sinaloenses, y cómo no, si él es de los principales responsables, así como uno de los mayores lastres para una ciudad cercana al millón de habitantes, que no puede dejar de tener una ciudadanía más propia de rancho amapolero.

Es muy bonita la idea de agarrar a los conductores y mantenerlos detenidos hasta que se les pase el ahogo, pero puedo asegurar que muy pocos llegaran a pisar la barandilla, pues la mayoría (que serán muy borrachos pero no son pendejos) les untarán las manos a los ávidos agentes del orden, que para eso aprobaron los rigurosos y particularísimos controles de confianza locales: habilidades gatilleriles, bueno para los descontones, corrupto hasta el tuétano, majadero, prepotente, abusón, cantar afinado “paloma negra.

A los diputados se les olvida que las leyes en México no sirven para nada, porque los primeros en incumplirlas son ellos mismos, lo cual no extraña pues lo primero que violan es su palabra comprometida con los electores pero, más importante aún, ya nadie cree en sus pretendidas intenciones de enderezar el barco con leyes, y leyes, y leyes que sólo buscan apretarle las tuercas al ciudadano, mientras siguen sin siquiera voltear hacia las autoridades responsables de su torcimiento e incumplimiento.

¡Ah no! ¿Si ya dije que son ellos mismos, verdad?

¿Guerra Sucia o Fuego Amigo?

¿GUERRA SUCIA O FUEGO AMIGO?
Jorge Aragón Campos                jaragonc@gmail.com
En marzo de 1994, la guerra sucia llegó a su punto más alto con el asesinato de Colosio, y como en el mundo de la política cualquier crimen sale más barato que el asesinato de un candidato presidencial, después de Lomas Taurinas todo ha sido de ahí para abajo.
En aquel momento, resultó evidente que la forma tradicional (el estilo priista) para dirimir nuestras diferencias, aquella a la que malamente seguimos insistiendo en llamar “política”, ya no funcionaba, y no tanto porque este país hubiera cambiado hasta un punto donde ya era imposible mantenerla vigente (ojalá, bueno hubiera sido), sino porque las grandes fuerzas, protagonistas del rumbo de la vida nacional, ya habían roto el pacto de civilidad vigente desde décadas atrás: el uso de la violencia era usado únicamente contra los opositores al régimen.
Para el Estado mexicano, el asesinato de Colosio fue la tercera llamada para la refundación del “sistema”, ya no había marcha atrás, pero sobre todo era urgente iniciar con un proceso de cambio profundo y real, sin demoras y sobre todo sin simulaciones. ¿Cuál fue la respuesta del Estado para semejante emergencia? Ninguna, es decir, puras demoras y simulaciones, comisiones especiales, decálogos de objetivos…puros cuentos…para variar.
Las cuotas de responsabilidad, como todo en esta vida, no son parejas y el principal culpable es sin duda el PRI, que prefirió usar al muerto como herramienta para ganar aquella elección, para después desecharlo de la misma manera que lo hizo con todo el background revolucionario, y cuanto oliera a la ideología que toda su vida le dio consonancia popular. Pero los priistas no fueron los únicos, nada más los principales, pero no los únicos.
El Estado mexicano nos ha dado una de las más absurdas, perversas, torcidas e inadecuadas legislaciones electorales, pensada para impedir cualquier posible comunicación y empatía entre candidatos y electores, las elecciones se han vuelto una tierra yerma donde solo pueden florecer el espionaje y la intriga, como lo estamos viendo en Sinaloa, donde las campañas nunca prendieron porque nunca dijeron nada, salvo esta semana, cuando la dizque guerra sucia, se volvió probable fuego amigo. ¿O díganme ustedes, si no traen ahora sí la sensación de que estamos viendo la misma película de hace seis años? Por cierto: son prácticamente los mismos actores, con diferentes pápeles, pero mismo reparto.
Ahora sí, iniciaron las campañas porque han tomado el único camino que la legislación les dejó para al menos parecer tales. Yo me equivoqué hace seis años, o me engañaron que para el caso no es lo mismo, pero eso sí: esta vez no.