Lo Único que me Faltaba

            José Luis Perales es uno de esos cantantes que batalla para caerle mal a alguien; bien aceptado hasta en los círculos serratianos, cuenta en México con un ejército de seguidores muy amplio, principalmente mujeres. Perdón, quise decir mujeres maduras. Perdón, quise decir mi mujer y sus amigas.

Para mi buena suerte, el cantante acaba de presentarse este jueves pasado en Hermosillo, y digo para mi buena suerte porque el viacrucis ya acabó. Al menos para mí. Desde enero supe del concierto por boca de mi mujer, pues parte de su clica se organizaban para asistir.

¡Que joda!

Para empezar, el viejerío, que con el pretexto de un taller de artesanía en bule, suele reunirse los sábados en el humilde jacal con alberca de un servidor,  puso un pizarrón enorme donde se leía “ya faltan tantos días para que vendan los boletos”, y que después cambió a “ya faltan tantos días para oírlo cantar”; el letrero es lo de menos, lo malo es que desde inicios de año, en todos los hogares de las indiciadas tuvimos que soportar una retrospectiva a todo volumen de la discografía del español, que hasta eso no es malo pero tampoco da para tanto. Lo único que me ayudo a sobrellevar esa tortura fue la negociación que hice con mi tesoro: está bien –le dije, cuando me pidió permiso-, tú te vas a Hermosillo con tus amigas a ver a Perales, y yo me voy junto con el Gerardo Osornio a ver al Franccesco. Me dijo que sí.

¡Yupiii!

Hasta eso, no cabe duda que eso de la equidad de género es una tontera, pues nada más diferente que los hombres de las mujeres y viceversa: aquí donde me ven, mi grupo no movió un dedo para preparar nada con miras a la presentación de nuestro ídolo, aquellas en cambio hasta una manta llevaban, que para buena fortuna no expresaba de qué lugar del mundo iban quienes la portaban. La manta de la ignominia, le puse yo, pues de qué otra forma se le puede decir a la leyenda que pergeñaron una bola de culichis cricas: ¡José Luis, hazme un nieto!

Ya me viera.

El Calor Culichi

EL CALOR CULICHI

Jorge Aragón Campos

No hay culichi que no se quejé del calor, a la vez que declara su amor total por el frío; lo que no tengo claro es a qué se refieren cuando dicen “frío”. Para empezar frío, lo que se dice frío, ni lo conocemos ni tenemos idea de lo que es, porque suele comportarse como un asesino despiadado que cada año mata en el mundo a más gente que el calor. Aquí en Culiacán el termómetro baja de los cero grados cada cincuenta años, la última vez fue en el 2011 y todavía no se recupera ni la economía. Ustedes lo han visto recientemente en las noticias sobre las tormentas invernales, donde las ciudades aparecen paralizadas por la nieve, y donde ciudadanos que sufren una falla en el auto al circular por una carretera, corren peligro de muerte por congelación.

En Culiacán estamos peor, nuestro invierno es para nuestra salud tan pernicioso como el vicio del tabaco, por algo la frase de “enero y febrero desviejadero”. Aquí nadie se muere en agosto, salvo por bala. El dichoso tiempo de frío culichi se distingue por su inestabilidad y los extremos, donde en un día podemos tener un diferencial superior a los veinte grados entre temperatura máxima y temperatura mínima, ustedes háganle ese cambio brusco a una copa de cristal y la verán estrellarse, lo cual demuestra el aguante del cuerpo humano pero eso no significa que no suframos consecuencias.

En cuanto empieza a refrescar, los culichis caemos como moscas por enfermedades respiratorias, catarros y gripe, se nos puede ver con las narices enrojecidas, con fiebre y gangosos pero eso sí, exclamando “qué rico… ejta hajiendo jrillito”.

Por otro lado nuestro calor es de los peores del mundo, sí, pero es muy estable: llueve lumbre por la mañana, por la tarde y por la noche. Es cierto que es incómodo, de ahí que la gente ande irritable y quejándose por todo; es común ver grupos de amigos reunidos al atardecer, recostados en hamacas, con la caguama helada en la mano y diciendo “pinche calorón horrible, ya no lo aguanto, a ver cuándo hace frío”. Esa es nuestra cruz.

Me parece que somos un caso extraordinario de desadaptación; en el Sahara, sus habitantes han diseñado sus vidas sobre la base del clima caluroso que los distingue, aquí nosotros abandonamos el uso del sombrero y la ropa clara de algodón, y por supuesto el negro no es lo más elegante sino lo más necesario: en ropa, autos y lo que se atraviese. Es más o menos lo que ocurrió una vez con meche Murillo, cuando alguien le dijo que ya era mucho el tiempo que tenía al frente de su organismo de defensa popular, a lo que ella respondió ¿ya mucho tiempo? Si aún no he muerto. O sea: esto no es lo que yo hago, es lo que yo soy. De la misma manera el clima culichi seguirá siendo lo que es…y yo…y ustedes…ya supérenlo.

A Tres Bandas

Qué jugada de alto riesgo se acaba de aventar la fracción parlamentaria del PAS. Les salió redondita.

Desde tiempo atrás, el PAS presentó al Congreso una iniciativa de ley, donde se proponen descuentos en el transporte urbano para los estudiantes de todos los niveles escolares, es decir desde preescolar hasta profesional, cuando la rebaja beneficiaba únicamente a los de nivel medio hacia arriba, dejando fuera a los estudiantes de secundaria para abajo.

Por otro lado, la fracción pasista, en voz de Héctor M. Cuén Ojeda, se había manifestado en contra de las condiciones bajo las cuales se pretendía hipotecar a Sinaloa, con motivo de la construcción de dos nuevos hospitales.

El pasado jueves quince de este mes, en la mañana, desde el Congreso salió la noticia de que la iniciativa del PAS había sido aprobada, lo cual sin lugar a dudas resultaba una buena nueva para los sinaloenses de escasos recursos; por otra parte, esa misma fecha pero más tarde, nos enterábamos de que el famoso dictamen sobre los nuevos hospitales había sido votado por cinco votos a favor y tres en contra, lo novedoso era que el propio Héctor M. Cuén Ojeda había firmado a favor, lo cual evidenció la negociación de una aprobación (la de los descuentos en el trasporte) por otra (el dictamen de los hospitales).

Aquí y en China, este tipo de arreglos no son raros en política, por lo regular dependen de los números que haga cada bando para entrar en ellos o no, y parece ser que en el PAS consideraron que Paris bien vale una misa, y privilegiaron el beneficio político de los descuentos por sobre el costo del dictamen de los hospitales.

La verdadera sorpresa vino al día siguiente, cuando el gobernador anunció una “tregua” en lo de los hospitales, lo cual es la forma elegante de decirle ahora a la congeladora legislativa, pues para dicho proyecto el tiempo ya no alcanza. Vamos, basta con remitirse a la experiencia del estadio Ángel Flores, donde un grupo ciudadano recurrió a la vía legal para posponerlo un año: un recurso de ese tipo es suficiente para retrasar el tema hasta el 2016, y para entonces yo quiero ver qué diputado estaría dispuesto a entrarle.

El PAS, considero yo, obtuvo un beneficio para los sinaloenses y para él mismo, y ahora lo que sería el supuesto costo político se minimiza en su contabilidad, y todo sin tener que andar organizando fiestecitas de cumpleaños. Esto nada más por una razón: por privilegiar el bienestar de los ciudadanos quienes, por cierto, también cumplen con el papel de votantes. Y luego hay quienes se asombran del crecimiento de ese partido.