POLITEIA

La autonomía universitaria y un gobierno de estrépito
César Velázquez Robles

Estamos ante un gobierno de estrépito. En el afán de recuperar el tiempo perdido y condensar en unos cuantos días años de esfuerzos en la lucha por el poder a través de reformas que se distinguen por su presunto amplio calado, se cometen errores de todo tipo. Desde el contenido en aquella iniciativa de ley de remuneraciones de los servidores públicos, en la que en lugar de referirse a la ciudad de México, se menciona al Distrito Federal, y que fue despachado como “peccata minuta”. Y tal vez lo sea, sobre todo si se le compara con el “error” de eliminar del texto que cancela la reforma educativa –en realidad una contrarreforma–, la autonomía universitaria.
La voz de alarma ante este hecho, lo dio de inmediato el diputado Juan Carlos Romero Hicks, quien tuiteó: “Esta noche (del 12 de diciembre) la Cámara de Diputados ha recibido la propuesta del presidente López Obrador en materia educativa. Sorpresivamente el texto desaparece la autonomía universitaria, piedra angular de la educación superior mexicana. Gravísimo”.
Aquí caben dos posibilidades:
Una, que, en efecto, como reconocerían después tanto Esteban Moctezuma como el propio presidente López Obrador, se haya tratado de un “error”. No es descartable la hipótesis, sobre todo al constatar la premura con la que ha comenzado esta gestión, y que le ha llevado a cometer tropiezo tras tropiezo. El descuido y el desaseo con que se está procediendo en el propósito de subvertir gran parte del andamiaje jurídico, político y administrativo que hasta ahora ha regulado –para bien o para mal– el funcionamiento del sistema político mexicano y del Estado de derecho en nuestro país, no puede justificar fallas de esta naturaleza.
Dos, que el gobierno haya trata de pasar de contrabando el deliberado propósito de violentar el funcionamiento de las instituciones públicas de educación superior del país, lanzando ese órdago sobre ellas. Ya lo sabemos: la palabra autonomía –y todos sus derivados—causa escozor en el discurso presidencial, y estamos asistiendo a una ofensiva –abierta o embozada—frente a instituciones que disfrutan de esta prerrogativa, sea el Banco de México, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, el Instituto Nacional de Acceso a la Información, el Instituto Nacional Electoral, y ahora las universidades.
Y no es que uno sea paranoico, pero este “pequeño error” con relación a las universidades no es el primero; es el segundo en tan solo unos días. Recordemos que hace unos días, según los ajustes financieros para cuadrar las cuentas del presupuesto de 2019, el gobierno había decidido una reducción de hasta 32.5 por ciento en los recursos asignados a las instituciones de educación superior. La difusión del asunto obligó al secretario de Hacienda y Crédito Público, a justificarse: “Fue un error en la manera como se calculó sueldos y salarios para las universidades. Eso se hace en Hacienda. Se les dieron los nuevos tabuladores y fue un errorcito. Ya se compuso”.
Me inclinaría más por esta segunda hipótesis, y me llama la atención que el propio presidente en su homilía matutina de este jueves 13 de diciembre, la haya despachado como un asunto menor, inocuo, intrascendente. Así, por ejemplo, señaló: “Para que no se use de pretexto o de excusa, y se quiera combatir nuestra iniciativa, si es necesario estamos dispuestos a que se agregue lo de la autonomía”. Apuntó, además, a que sus adversarios sólo están esperando que se cometa alguna equivocación o error para criticarlo: “los que están a disgusto por la decisión que tomamos de cancelar la reforma educativa, van a querer agarrar eso de bandera, entonces es mejor aclararlo”.
Quiso así López Obrador mostrarse magnánimo. El desdén y desprecio con el que se refiere a la autonomía –ahí está su expresión: “estamos dispuestos a que se agregue lo de la autonomía”— no es sino indicador de cuál será el comportamiento y la actitud frente a las universidades públicas que en los años venideros ejerzan el papel de conciencia crítica y moral de la sociedad mexicana: serán acosadas, sometidas a presiones de todo tipo, intervenidas, sujetas al arbitrio del poder político. La idea de que las universidades son instituciones del Estado y la nación, y que requieren para su desarrollo de un ambiente de libertad de cátedra e investigación, así como de un espacio para el ejercicio de la crítica, será puesta a prueba por un gobierno que empieza a mostrar preocupantes signos de autoritarismo.
Ese “estamos dispuestos”, resume el talante autoritario al que me he referido. La SEP también ha tratado de restarle filo al asunto, y prácticamente ha tratado de darlo por cancelado, repitiendo en un boletín lo que ya adelantó su titular: que fue un “error de captura”.
Bueno, con tal de que este “error de captura” no se traduzca en una “captura de las universidades” para fines de control e instrumentalización, vale.

Breve y Preciso

 Domingo Félix Torres
 Quirino ,el peje y el desarrollo de Sinaloa.

La transición en Sinaloa ha sido tersa y asi fue llevada.. muy tersamente.. tal pareciera que la relación entre Quirino Ordaz Coppel y el nuevo presidente , marcha de acuerdo a un plan  preconcebido por ellos dos y seguramente, algunos mas…muy pocos mas.

En estos momentos se discute el presupuesto de ingresos para el estado de Sinaloa con sus correspondientes asignaciones de la Federación. El gobernador Quirino Ordaz habla de algunos proyectos que considera estratégicos para el Estado de Sinaloa ,entre ellos el posible inicio de la construcción del distrito de riego para la presa picachos, la construcción de la presa Santa María, la  continuación de la carretera Badiraguato – Parral , y el dragado del puerto de Mazatlán . Estos proyectos, pareciera que están considerados por Andrés Manuel López Obrador para 2019. La preguntas ante esto son  : Esto realmente es importante para la federación ?.

?  Verdaderamente, cuánto dinero viene para estos proyectos  ?

Amlo, los considera importantes, torales, estratégicos para Sinaloa y el pais ?.el presidente está volteando para Sinaloa, o está viendo para otro lado, por ejemplo, hacia el sur y sureste ?. Por otra parte, estos proyectos son los que cambiarán en realidad el rostro del estado, en todo caso ? No hay más para Sinaloa ? Que plan hay para los desplazados ? Para los jóvenes ? Para los desempleados ? Para los sin plan de jubilación ? Para los deportistas ? Para la Industria ? Para los pescadores ?. Para los agricultores ? Hay un plan  de desarrollo para Sinaloa?.Un plan rector ?. Si lo hay ? Se acuerdan de Codesin ? Está funcionando ?. Ha servido ? Sería bueno tal vez hacer una evaluación en materia de desarrollo económico en Sinaloa ! No les parece, jóvenes ? Saludos !!

PUENTE NEGRO

Entre el desorden y un estigma negro,  
Culiacán espera…
Por Guillermo Bañuelos

 

Pian pianito, un puñado de ciudadanos desadaptados o ilusos (así los juzgan muchos ‘cuerdos’) no quitan el dedo del renglón: es urgente frenar el desorden urbano y convertir a la ciudad de Culiacán en un mejor lugar para vivir. Y proponen qué hacer y cómo hacerlo, pero, ¿de qué sirve esto?

Estos verdaderos evangelistas saben que  los procesos de cambios urbanos son pasmosos, pero los alienta que otras ciudades que vivían en peores condiciones lo han logrado a golpes de terquedad. ¿Se podrá en Culiacán? El tiempo lo dirá.

Y que conste que no son modas, u ocurrencias. Hace 45 años (en 1973), por ejemplo, el escritor e historiador Antonio Nakayama Arce escribió en su libro Culiacán, Crónica de una Ciudad:

“Culiacán, su vertiginoso crecimiento se ha desarrollado en forma anárquica sin ninguna planeación, la ciudad está resistiendo dificilísimos problemas tanto en lo urbanístico como social.
Planificar su desarrollo urbano es una de las urgencias que las autoridades están obligadas a realizar, pues no es posible que la ciudad siga creciendo al albedrío de los que vienen a radicar en ella. De otra manera seguirá imperando la anarquía, y el futuro de su vida será más confuso de lo que es hoy. El hombre deberá vivir de acuerdo con su condición humana, y en Culiacán, una gran cantidad de personas vegeta en condiciones infrahumanas, lo que hace más imperativa la obligación de dignificar la vida de la población. Recordemos que nuestra ciudad será, lo que nosotros queremos que sea”

-El mejor amigo de Nakayama fue Enrique ‘El Guacho’ Félix, compañero de no pocas aventuras políticas, junto a otros miembros de la llamada Generación del 29.

Una de tales ocurrencias sucedió al crearse el Instituto de Estudios Económicos y Sociales de Sinaloa, participando Nakayama y otros de la inquietud de elaborar de manera ‘adelantada’ un programa para el Gobierno del Estado de Sinaloa (sexenio 1951-57), esperando que el candidato a la gubernatura fuera Enrique Riveros y no Enrique Pérez Arce, tal y como lo narró en su momento Francisco Gil Leyva:

…quisimos que la administración pública dejara de ser una serie de acuerdos y disposiciones dictados al azar, a vuelta de rueda en el automóvil, a la sombra de un huanacaxtle, al apretón de manos, a lo tomadizo de un estado de ánimo, al favor hecho al compadre, a la concesión otorgada al amigo de añeja amistad (Academia de Historia de Sinaloa, texto “Antonio Nakayama” de Ricardo Mimiaga Padilla).

Desde la impresión de Culiacán, Crónica de una Ciudad, cuando vivían aquí cerca de 200 mil habitantes, han pasado 45 años, y la premonición de Nakayama acerca del futuro de la ciudad fue un grito que parecía a tiempo que quedó en un grito en el desierto. La premonición se cumplió.

La ciudad creció bajo los caprichos de un mercado especulativo del suelo, sin planificación, sin ton, ni son, tras un ideal extraño: con el sueño de “ser grande” (¿para qué, o en qué sentido?), tras una fantasía que, por cierto, alimentan aún algunos  hombres y mujeres con capacidad –inclusive-  de decidir.

En estos 45 años, la mancha urbana creció de 3,670 a más de 13 mil hectáreas, sin que ello signifique mejor calidad de vida para un conglomerado de alrededor de 800 mil personas.

Aunque es mediana, Culiacán es ya una urbe esclerotizada, atiborrada por alrededor de 500 mil vehículos automotores, diseñada para satisfacer –sin lograrlo-  los requerimientos de los autos, donde poco importan los peatones y los ciclistas, los niños, ancianos o discapacitados. La calle no es para ellos.

Contra estos grupos de población, esta ciudad erigió barreras y obstáculos increíbles: no existen banquetas suficientes, ni adecuadas; carecen de pasos peatonales seguros, el sistema de transporte es inadecuado para su uso y la inseguridad pública es una constante.

Las políticas de vivienda de las últimas décadas –un fracaso, admitió hace unos días, por fin, el INFONAVIT- alentaron la especulación con el suelo y la construcción de fraccionamientos lejanos, sin servicios básicos, rodeados de altos muros que, en lugar de brindar seguridad, segregaron más a las personas.

La improvisación, la falta de planeación urbana adecuada (sobre todo, la no aplicación de ésta), la voracidad de los desarrolladores, la permisividad o la complicidad de algunos funcionarios de administraciones anteriores con éstos, y la ausencia de regulación del mercado del suelo, generaron, entre otras consecuencias, el desarrollo de una ciudad poco resiliente, expuesta a quedar bajo el agua en cualquier momento pues se permitió construir dentro de los ríos y sobre arroyos, sin cumplir la obligación de dotar a los nuevos desarrollos de drenes con capacidad y diseño adecuado para evitar las inundaciones.

Para colmo, la ciudad soporta un estigma terrible, negro, que parece imposible desterrar: la de ser (cierto o no) la cuna del narcotráfico en México, y la de ser además un campo de batalla en el que han caído a lo largo de los años miles de hombres y mujeres abatidos a balazos en mil sucesos de alto impacto.

Nacer, vivir y sobrevivir aquí no es fácil.

Amedrentados por la impunidad y la fuerza bruta de Ellos y de sus secuaces reales o supuestos, aprendimos desde niños a callar, a bajar la vista y el perfil, a ceder el paso a la barbarie y al conductor que te echa su camionetota encima sin freno, sin respeto.

Aquí caminamos de puntitas, sin banquetas, sin garantías. Tercos, sin embargo, algunos aún creemos que de algún modo, algún día, las cosas cambiarán en esta ciudad hecha para Algunos, no para todos.