Long cool woman in a black miniskirt… ( que buena estás…)

Sale sola de noche María, recorriendo las calles de la ciudad..

Es María que pena en la calle…

María, Café Tacuba

Era los últimos días del mes de Octubre, era la hora en que todo mundo salía de su trabajo, aquella calle verdaderamente era un hormiguero, no había un orden, excepto, el que cada uno de esos individuos maquinaba en sus propias mentes.

Esperando el autobús volteaba constantemente para ver mi reloj, aquel reloj viejo de manecillas marca Haste marcaba las 5:37 de la tarde, llegaba el autobús a la parada en la esquina de Juárez y Rubí, de manera intempestiva un ejército de personas de todas las edades, lo abordaba con cierto orden y lógica admirable.

Toda esa masa de humanidad abordaba el autobús y de manera rutinaria pagaban al chofer, no había expresión de agrado o desagrado, era parte de un ritual urbano que de manera desesperada, como si no hubiera un mañana, volteaban a su alrededor sin afán de buscar amigos o conocidos, solo un asiento que estuviera en los primeros lugares del autobús.

Al contrario de ese ritual, de mi parte, yo no mostraba tal preocupación, de todas formas siempre recorría el autobús hasta el final del mismo, en donde nunca llegaban las viejitas con sus bolsas de mandado o donde las mamás con niños pequeños nunca se sentaban. Ese era mi propio ritual en los autobuses urbanos.

Todos ya estábamos listos, sin embargo el conductor del autobús no iniciaba la ruta. Esperamos en el autobús entre 4 a 6 minutos, aquello era o parecía una eternidad.

¡Puta madre!, pinche camionero centavero, a de querer que se ponga hasta el culo este puto camión para sacar lo del día! Mientras maldecía con y sin razón, sacaba de mi maletín el viejo libro de cuentos que estaba leyendo, el título del cuento era El Gato negro o algo así, el autor Edgar Allan Poe, creo que muy apropiado para la temporada.

Intentando reiniciar la lectura, cuando de pronto, se subía al autobús, aquella mujer de minifalda entallada y blusa negra con escote pronunciado, figura espigada pero a la vez voluptuosa con cierto aire de altivez, piel blanca con tonalidades rosas, pechos grandes y firmes, caderas pronunciadas, una cintura bien marcada que terminaba en glúteos firmes y curvatura perfecta.

Su cabello era castaño y  largo, perfectamente planchado; portaba gafas grandes y oscuras que no me permitían ver sus ojos, pero que seguramente eran hermosos, aquel monumento de mujer era el poema a la belleza femenina culichi, de manera discreta recorrió el camión y a pesar de los espacios vacíos, para mi fortuna o mala suerte se sentó a mi costado.

¡…uta! Asi no la puedo ver –pensé rápidamente-, ¡tengo que ser muy disimulado! Un poco con ganas y a la vez con pena, me decidí a preguntarle su nombre, pero, de manera misteriosa y sorpresiva, la bella dama me abordó primero:

-¿Cuál es tu nombre?, sorprendido y con un tono entre temeroso e inseguro, le contesté: Ruy, mi nombre es Ruy, ¿y el tuyo?

 Con una cara de satisfacción y coquetería natural, mientras bajaba sus gafas, con una voz suave, pero seductora respondía a mi pregunta:

            –Rubí, mi nombre es Rubí, pero, ¡qué raro nombre tienes!, al tiempo en que su mirada se clavaba sobre la mía, fue en ese momento descubrí sus ojos, eran grandes, expresivos, que decían mucho, sin decir nada, que me inquietaban en extremo,  y además no quitaba su mirada en mí, por un momento me sentí muy incómodo, – Siempre había sido el que asechaba con la mirada-  de pronto, se me venía una idea, ¡voy a ligarme esta vieja!

Pero para mi sorpresa o desagrado, ella empezó a hablarme de su novio; “Ese hijo de la chingada, es un cabrón bien hecho, cree que porque tiene dinero y anda de mandadero del Chito Zazueta –el mafioso que cuidaba el sector de Sanalona-, me va a tratar como a una puta, se topó con pared ese pendejo. Ya sé que anda con una morrilla pendeja de Barrancos, y lo han visto en su Mini Cooper, pero se las voy a cobrar todas al cabrón”.

Aquellas declaraciones, me cayeron como cubetazo de agua helada en el cuerpo, no supe que decir, y por más que traté de esforzarme, nomás no salían ideas que pudieran dar algún consuelo o ayudar al ánimo de la bella joven, que a pesar de su imagen de lagartona tragahombres, era evidente del ánimo devastado por el canalla de su pareja.

De repente, ella dice: “Ya sé, tú me vas a ayudar a chingarme en ese cabrón”. Le respondí de manera súbita y sin pensarlo: ¿Qué?, ¡no! ¡Espérate!, ni te conozco, como que chingarme en ese… ¡No!, ¡Ese güey anda chueco!, ¡Es de la Mafia!, ¡No la chingues mamacita!, ¡además son unos cabrones bien hechos!, ¡no no no no y no!, ¿sabes qué?, mejor ¡ahí te veo!, estás que te caes de buena, ¡pero hasta ahí!

Cuando traté de bajarme del autobús, esta mujer se levantó y me encaró de manera fuerte y sin reservas: “¿Qué no te gusto?, ¿eres puto o qué?, te vi cómo me tragaste con la mirada desde que me subí en el camión, crees que no me di cuenta, sólo te pido que me ayudes…en ese momento, algo golpeó mi conciencia haciéndola añicos, era un sentimiento de complicidad y una fuerza interior de lujuria y deseo que no esperaba más.

Ambos nos bajamos del autobús, sin decirnos nda, tomé mi celular y abrí la aplicación del Quick ´n Go!, para mi fortuna -y ganas-, llegó en 10 minutos el automóvil, en esos momentos, aquella mujer sin decir palabra alguna, me tomó de la mano y con solo una frase me dijo todo: “no te vas a arrepentir” y en efecto, en media hora estábamos en un Motel y como locos de manera intensa hicimos el amor, dejando que las pasiones fueran desbordadas, aquello fue alucinante. Al terminar caímos en un sueño profundo, cuando desperté estaba solo, eran las 9.45 pm.

Decidí pedir otro automóvil por la aplicación de mi celular, en 7 minutos estaba llegando, ya era oscuro, apenas podía distinguir que tipo de automóvil  era, aquel auto que iba llegando se me hizo bastante moderno y grande para ser un taxi de aplicación, las luces de los faros me cegaban por completo, en ese momento de hacer una señal para que se detuviera el auto, escuché 3 detonaciones, de inmediato sentí como iba cayendo mi cuerpo y a la vez, iba cerrando los ojos.

Solamente pude escuchar el rechinado de las llantas, y de inmediato me llegó el olor a llanta quemada . A los pocos segundos, abrí los ojos y me levanté sacudiéndome el polvo, que  raro estuvo todo aquello – pensé por unos instantes-, traté otra vez de usar mi celular, pero no lo encontré, no tuve más remedio que caminar por toda la carretera hasta  que alguien me diera un aventón.

Era bastante raro, por más señas de raite que pedía, nadie me hacía caso, llegó el momento que pensé que todo mi esfuerzo por llamar la atención era en vano. Nadie me quería ayudar y no los culpaba, y de pronto dije: ¿Quién chingados iba a levantar a un hombre en la noche a media carretera?

Después de casi 2 horas de caminar, llegaba al Centro de la ciudad, y volvía a mirar mi reloj, eran las 9:52 pm, ¡Ah cabrón!, tanto tiempo he caminado y apenas son las 9:52, yo creo que este relojito ya está valiendo madres, pero, ahorita que llegue al Garmendia, le pido a uno de los relojeros que me cheque la pila o a ver que es.

Llegando a un puesto saludo al encargado, ¡Buenas compa! ¿Puede checar mi reloj?, pero, este hombre ni se movió, le volví a repetir y parecía que no me veía o escuchaba mi petición. Llegó otra señora y de inmediato la saludó y la empezó atender. ¡Oiga compa! ¡Yo llegué primero!, pero en vano fue mi reclamo, no me escucharon. De pronto, empecé a reflexionar y a cuestionarme: ¿Qué está pasando? No entendía, quise tocar a la señora para que me volteara a ver, pero, mi sorpresa fue mayor, al intentarlo otra vez, me fui de paso, no la podía tocar, ¡atravesé todo su hombro y nunca la pude tocar! Me quedé en pausa, no lo entiendo, todo es real, entonces ¿qué soy yo?

Empecé a correr por el medio de la calle, y para mi sorpresa atravesaba camiones, carros, personas, de pronto, un hombre se me acercó y me dijo: ¿Ya lo entendiste? ¡Entender qué pendejo!, ¡el pendejo eres tú! ¡ Ya estás muerto!, de pronto, volteo y veo en un puesto de revistas, un periódico y en primera plana estoy yo con disparos en el pecho, tirado enfrente del motel y con un titular: “Muerte pasional”.

De pronto resonaban en mi mente las palabras de Rubí: “no te vas arrepentir” y en efecto, solo pensar en ella, olvidaba mi condición inmortal, recorriendo con mi mente su figura desnuda y de pronto suspirar y decir: “¡qué buena estás!

Otorga Quirino más basificaciones a maestros

Ahora 1,367 docentes del SNTE 27 recibieron certeza jurídica y laboral al recibir una plaza de base .

Culiacán, Sinaloa, a 30 de octubre de 2019.- Como un reconocimiento al esfuerzo y dedicación de los maestros sinaloenses que laboraban sin una certeza jurídica, el gobernador Quirino Ordaz Coppel hizo entrega de mil 367 constancias de basificación para docentes federales de la Sección 27 del SNTE, que vienen a sumarse a las mil 300 que entregó en junio pasado para maestros estatales de la Sección 53.

Cabe destacar que se trata de maestros que venían trabajando los últimos cinco años en interinatos ininterrumpidos, quienes corrían el riesgo de no iniciar el ciclo escolar 2019-2020 en los subsistemas de secundarias generales, técnicas y telesecundarias, lo que habría perjudicado a alrededor de 91 mil 579 estudiantes, pero sobre todo, a las familias de estos mil 367 maestros que ahora ya cuentan con una certidumbre laboral y prestaciones sociales.

En su mensaje a los docentes que se reunieron en el salón FigloSnte 27 para recibir sus constancias de basificación y cheques de primer sueldo en sus nuevas categorías (Código 10 y Código 20), el gobernador Quirino Ordaz Coppel les reconoció su dedicación, pues durante varios años trabajaron sin esa certidumbre laboral de la que ahora gozan.

“Lo mejor es la parte humana y reconocer el esfuerzo de ustedes, porque son gente que ha trabajado muy duro, y es muy bonito hablar de esta profesión –el magisterio- es hermosa, pero a veces no se valora lo suficiente, y la base ¿qué les da? La seguridad, la certidumbre, la confianza que van a poder tener la garantía de una plaza garantizada, que no es otra cosa que justicia, lo que ustedes merecen”, reconoció.

Ordaz Coppel valoró que gracias a ese trabajo de los maestros, Sinaloa va bien en los índices de calidad educativa, como lo demuestran las evaluaciones nacionales dadas a conocer recientemente, como la prueba PLANEA.

Al dar la bienvenida, el secretario de Educación Pública y Cultura, Juan Alfonso Mejía López, señaló que a muchos de estos maestros se les había terminado la prórroga de su interinato, por lo que jurídicamente quedarían fuera de las aulas, aunque de manera injusta.

“Pero la instrucción del gobernador fue muy clara y sencilla: el cómo sí, porque no quiero a ningún maestro ni maestra sin esa certeza de que el día de mañana podrá llegar con su familia a verla de frente y decirle aquí estoy con todo el respaldo del Estado y del gobernador Quirino Ordaz”, dijo.

El secretario de Educación fue quien precisó que haber dejado fuera de las aulas a estos maestros, habría afectado a 91 mil 579 estudiantes al quedarse sin un maestro para sus clases.

Mejía López recordó que en el pasado mes de junio ocurrió algo aquí en Sinaloa que no había pasado en todo México, como fue la basificación de mil 300 maestros no obstante la incertidumbre que se cernía en el modelo de reforma educativa que se heredó del sexenio federal pasado y que finalmente se modificó.

“Sinaloa, con el gobernador Quirino Ordaz, es tierra de maestros, en este estado hubo cambios de adscripción a diferencia de otros estados de la República, aquí corrió la lista la prelación, en este estado se entregaron basificaciones, y en este estado vamos a seguir construyendo una sociedad más justa y equitativa gracias a los maestros y maestras de Sinaloa”, concluyó.

A su vez, el secretario general de la Sección 27 del SNTE, Edén Inzunza Bernal, agradeció al gobernador del estado por este esfuerzo y aseguró que ello motiva a los maestros a comprometerse todavía más por la niñez y jóvenes de Sinaloa.

“Ante esto, los maestros mostramos la voluntad de seguir trabajando en equipo, como agradecimiento, y señor gobernador, sigamos en la ruta del trabajo coordinado para seguir fortaleciendo esta noble tarea”, dijo.

PUENTE NEGRO

CULIACÁN/Niños bajo el fuego

Por Guillermo Bañuelos

Los niños de los 60 y los 70 éramos los dueños de las calles y de los parques. Por tanto, aprendimos muy temprano algunas reglas básicas para eludir peligros. ¿Balazos?, ¡al suelo!; si observan a alguien armado, ¡huye!; si te amenazan, ¡calla!

Este código de los 60, increíblemente, es útil aún hoy.

La ciudad se pobló aprisa después del boom que detonó la Presa Sanalona en los 40  y extendió sus límites con una telaraña de calles sobre lomas, arroyos y cauces de sus tres ríos, con absoluta falta de respeto al medio ambiente. 

Culiacán respiraba un aire con olor a estiércol de bestias que jalaban las Arañas y las carretas.

Sin una visión urbana definida y la mira inmediata de crecer,  los de Culiacán (como los de Chihuahua, Juárez, Tijuana, Hermosillo y otras urbes) soñábamos un sueño americanizado que arrasó de tajo en nuestra identidad un patrimonio arquitectónico que conocemos sólo por fotos.

Gobernantes, inversionistas y ciudadanos aspiraban a construir una ciudad tipo USA (¿Los Ángeles?), un modelo aún anhelado: la metrópoli extensa, autopistas urbanas, auto para cada persona, hacinamiento, rascacielos y otros elementos que sugerían progreso, placer y riqueza.

“¡Ah, cómo crece Culiacán, cuantos carros!”, nos solazamos.

La población de este pueblo aislado durante más de 400 años, de sólo 22 mil habitantes en 1940, creció a 48 mil en 1950, a 85 mil (1960), escaló a 167 mil (1970), a 304 mil (1980), a 415 mil (1990), a 540 mil (año 2,000), a 675 mil (2010) y a aproximadamente 850 mil en este momento, con lo que la concentración demográfica este día es 38.6 veces mayor a la de 1940.

Sin planeación, ni ordenamiento, ni recato, construimos una ciudad chata, horizontal e insaciable, que podría devorar pronto los lomeríos de Imala, los terrenos agrícolas irrigables del valle, Las Siete Gotas, El Tule y hasta el Cerro La Chiva.

La ciudad está atascada de autos y traumatizada también por expresiones de violencia común y de alto impacto aún peores que las del pasado, las que conocimos aquellos niños que ya vivíamos como hoy: bajo fuego.

Ya nos despertaba el estruendo de las metralletas con que remataban en el Ovalles a hombres heridos a cualquier hora.

Cómo olvidar la escena: engañado con el simulacro de un choque entre autos, salió a la calle Don Chicón Ochoa, caminó confiado y con paso lento hacia la muerte que esperaba por él a 35 metros de su casa,  y ¡pum-pum!, en dos segundos cayó inerme en la esquina de Guerrero y Escobedo.

Ingenuos, corríamos también a la cantina El Cuarto Bat a verificar que mataban a alguien. Nos familiarizamos con ver cómo muere la gente acribillada y supimos muy temprano que la vida escapa a bocanadas y a través de hemorragia.

Fuimos testigos de sucesos que incubaron la fama nuestra de ciudad violenta, mas no aprendimos qué hacer para frenar la decadencia.

A Culiacán llegaban tranvías  –camiones Tropicales-  de Los Altos con gente que venía a vender lo propio y a comprar manteca de puerco, cueros, petróleo, harina, hielo en aserrín, refrescos y otros básicos en los mercaditos Rafael Buelna y de Tierra Blanca.

En estos mercados se topaban personas “emproblemadas” y cobraban sus  venganzas.

Según los adultos, había de por medio latas mantequeras con goma de opio o los amores de una mujer.

En el Buelna funcionaba ya una terminal de camiones, y los pioneros de Líneas del Oriente tenían una propia –El Doradito- , de donde salían los primeros omnibuses de las rutas del sur, hasta Cosalá y San Ignacio, y del oriente, más allá de Tamazula.

De los altos de Sinaloa y de Durango bajaban los “buchones” auténticos: rancheros güeros y estirados con huarache de tres puntadas y cuello –Buchi, decimos aquí- pronunciado, afectados por la carencia de yodo en el agua que ingerían.

El crecimiento de la ciudad fue doloroso. Y después vendría la Cóndor.