DOS A LA SEMANA

EL VERDADERO HORCÓN DEL MEDIO

SEGUNDA DE IDEAS SUELTAS SOBRE EL MAÍZ

Jorge Eduardo Aragón Campos

¿Sin agricultores no hay país? ¿Sin agricultores no hay alimentos? ¿El agricultor pone la comida en nuestras mesas? ¿En qué película fue eso? Lo que determina si un país existe o no, es su fuerza laboral y, valga el juego de palabras, la fuerza de la fuerza laboral es su capacidad, o sea su capacitación, su nivel de conocimiento sobre la actividad que desempeña, estoy hablando de obreros, operarios, médicos, abogados, ingenieros, maestros y también, por qué no, de músicos, escritores, videastas, actores…

Hoy, en caso de una verdadera emergencia nacional en cualquier país del mundo, lo primero a asegurar es la movilidad, porque lo que no se mueve se muere: tropas, auxilios, alimentos, población… hoy, la autosuficiencia alimentaria no viene de la madre tierra cuidada por las amorosas manos de un campesino de rostro ajado y noble, viene de las plantas industriales que tienen la capacidad de enlatar cualquier producto perecedero que abunde en cualquier momento del año, así como de las redes de distribución rápida que, el mismo día, pueden poner cualquier producto fresco en cualquier lugar del mundo. Sin fuerza laboral no hay electricidad ni combustibles, ni vehículos automotores, ni hospitales, ni laboratorios de drogas ilegales, ni agricultores, ni políticos, ni candidatos, ni elecciones, por eso también México es cada vez menos país, porque desde el año 1982, todos los costos de todas las políticas económicas que han sido aplicadas hasta el día de hoy, han sido pagados por la clase trabajadora en beneficio de ciertos sectores privilegiados, valgan como referencia el del transporte, el de las telecomunicaciones y el bancario.

Retomando el mismo video al que me he referido desde el artículo anterior, donde un agricultor sonorense da un mensaje en Topolobampo a sus colegas que le andaban haciendo a “los alzados de Alma Grande”, suelta una expresión de moda que, como todas las modas, es resultado de una vieja costumbre: “lo que estamos pidiendo al gobierno es que nos pague lo justo nada más, y el gobierno dice que no tiene dinero pero sí lo tiene y además ni que fuera tanto, con mucho menos de lo que se acaban de robar en SEGALMEX nos pagan y todavía les sobra”. No estoy siendo literal, pero sé muy bien que me estoy dando a entender muy bien, porque esa idea que se sustenta en el caso SEGALMEX, es compartida por la inmensa mayoría, de ahí que ahorita es cosa de todos los días, en todas partes y para todas las situaciones. Ojo con este elemento.

¿Tiene usted bien claro, qué es lo que está diciendo el orador? Porque yo creo que no, pues lo que está planteando es cobrarle piso al gobierno: la verdadera pretensión de “los productores”, es sacar un acuerdo propio de delincuentes organizados, para entre los dos jodernos a usted y a mí. “Los productores” no están protestando contra un esquema comercializador indebido, o contra una autoridad abusiva, o contra una reforma legal que atente contra su actividad… No, nada de eso, piden mayor precio y que todo siga igual, o sea piden más dinero y es todo; el punto es que se lo están exigiendo al gobierno; lo que reclaman entonces, son recursos públicos con el único argumento de que sólo así les resulta costeable, se trata, nada más ni nada menos, de una incitación a la corrupción, disfrazada de lo que a primera vista luce como un acto justo: ser ellos quienes fijen el precio de lo que producen. Nada más que esto último, lo vamos a abordar en la siguiente entrega.

Muerte, Arte y Violencia en Sinaloa del Siglo XXI

“Si la seguridad y la delincuencia fueran resueltas por la educación y la cultura, las potencias mundiales ya habría finiquitado sus aparatos militares y policiacos, tendrían funcionando solamente las universidades y sus industrias culturales”

Octavio Valdez

La muerte del bailarín Maximiliano Corrales Herrera los últimos días de abril, en Culiacán, es la enésima ocasión en la que la realidad rebate de forma contundente ese fetiche que el gobierno y la sociedad insisten en vender y comprar: que la solución para detener el fenómeno de la violencia está en la educación, el arte y la cultura o en un mero cambio espontáneo de actitud.

En algún momento a finales del siglo XX la violencia empezó a ser un elemento preponderante en el acontecer diario social del país, época marcada con asesinatos de actores relevantes de la escena pública: Luis Donaldo Colosio, José Francisco Ruíz Massieu, Paco Stanley, por comentar los más visibles, sumando a esto los asesinatos en serie en la población como el caso de las muertas de Juárez en un ambiente, en ambos casos, de total impunidad.

Esta circunstancia fue reflejo de los cambios de las nociones de política y poder a nivel mundial hacia un modelo unipolar hegemónico que reblandeció el papel del Estado como actor intermediario entre las relaciones de las estructuras sociales, proceso macerado todo el último tercio del siglo pasado y que tuvo su manifestación dramática en las situaciones arriba mencionadas.

Si la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, en 1992, fue oficialmente la entrada al mercado mundial de la economía mexicana, la inestabilidad y violencia que la han precedido es la entrada de la sociedad del país al estado mental de la posmodernidad, donde los referentes ideológicos y éticos se complejizan y difuminan para la mayoría de la población, incluyendo sus dirigentes.

Ante la retirada paulatina de las responsabilidades del Estado, se inventó un discurso a través del cual se empezó a quitar gravedad y peso a las instancias de ejercicio de la violencia institucional, procuración del orden público y justicia para trasladarlas al área de poder blando como las de educación, cultura y hasta del arte.

Supuesto que de manera empírica y reiterada ha sido desmentido por la realidad, la importancia del orden social fue transferida a la esfera económica, mientras el Mercado camine y funcione, nada es emergencia sólo contingencia, incluso sucesos como un Culiacanazo o dos o los que sean necesarios.

Debido al efecto de este discurrir al día de hoy es muy complicado lograr consensos de cualquier tipo; para las persona nacidas antes o hacia la mitad del siglo XX es complicado comprender la actitud, desde cierta perspectiva, indiferente con la que las generaciones más jóvenes transitan situaciones tan complejas como la pandemia de Covid o los mismos Culiacanazos, porque no se percibe con facilidad que las generaciones del año 2000 en adelante se han desarrollado en un ambiente de contingencia constante y los adultos nacidos en el último tercio del siglo pasado lo hicieron en un contexto de coordenadas ideológicas imprecisas y una ética en común desdibujada.

En el ámbito social es absurdo plantear una noción de inmovilidad, pero sí es válido proponer una revisión de lo que es categóricamente disfuncional.

La lamentable evidencia de que ni danzantes, ni cantantes, ni pintores… son a prueba de balas, fue puesta en la ribera del río a plena luz del día en el centro urbano de la ciudad de Culiacán un día a finales del mes abril, como un doloroso testimonio más de nuestro equivocado delirio.

DOS A LA SEMANA

IDEAS SUELTAS SOBRE EL MAÍZ

Jorge Eduardo Aragón Campos

Siempre, en cualquier circunstancia, debemos estar de parte del oprimido… sin olvidar que está hecho de la misma sustancia que su opresor. No recuerdo de quién es la frase, pero hay que tenerla muy en cuenta en estos tiempos donde lo primero debe ser siempre procurar quedar fuera del grupo de los oprimidos ¿O no?

Al menos aquí en Culiacán, en las redes sociales comenzó a circular este fin de semana un video, donde un supuesto productor sonorense se apersona en el plantón de topo y dirige unas palabras a sus homólogos ahí presentes; no dice nada nuevo, pero hace una exposición histórica sobre el problema y es eso, el orden temporal de los hechos (que todos conocemos desde mucho atrás), lo que nos da una mejor perspectiva (a quienes están suscritos a SINALOATV.MX, este artículo les llega acompañado del video en mención; de la misma manera está disponible en el portal).

¡Sin un agricultor no hay comida! ¡Sin maíz no hay país! ¿Seguros? ¿Y si no? Les tengo una mala noticia.

La autosuficiencia alimentaria es tan trascendente, que hasta la fecha sigue sin ser entendida como lo que en verdad es: una utopía. Ningún país es totalmente autosuficiente porque con todo y los avances en ese campo, la producción alimentaria sigue estando sometida en su mayor parte a los ritmos estacionales; lo que sí es posible y deseable, es contar con una reserva estratégica de alimentos básicos, muchos países la tienen y el distintivo general es que en su mayor parte están constituidas por granos, pero no por razón de hábitos alimentarios, es porque requieren de poca infraestructura y cuidados para mantenerlos en bodega por mucho tiempo; hay semillas de trigo con 3 mil años de antigüedad, encontradas en sepulcros reales egipcios, que germinaron al contacto con el agua; esto se me vino a la cabeza, a la altura del minuto con 40 segundos del video, cuando el sonorense afirma que no están pidiendo ni dádivas, ni regalos; puede tener razón, mientras se trate de un asunto de significado de las palabras, porque si yo digo que están pidiendo una ayuda, o un rescate, o un trato privilegiado, ya no va a resultar tan fácil negar tal cosa, porque no olvidemos lo más principal: el movimiento de los productores no es contra un esquema comercializador injusto, lo que ellos demandan es que a todos les compren toda su producción a un precio conveniente; quieren recoger su lana, irse a su casa y el año entrante estar otra vez aquí con la misma cantaleta… en caso de ser necesario. Eso es comunismo. De compadres, pero comunismo al fin. Valga la acotación, porque a partir del minuto 2 con 30 segundos, describe con gran claridad la verdadera fuente de la inconformidad y del conflicto: negociaron mal, solitos se pusieron la soga al cuello, como lo vienen haciendo desde años atrás y como les ha dado buenos resultados… nada más que, como él mismo relata, las condiciones cambiaron y no conformes -él mismo también lo admite- se fueron por repetir la misma estrategia ya por todos conocida, siendo que también ya contaban con la suficiente información que anticipaba la caída de los precios, y con todo y ello le entraron, y de la peor manera, y lo hicieron de manera consciente, pero… qué creen… que AMLO les prometió más lana y ¡le creyeron! Digo, por qué no le iban a creer en un país que se distingue porque en más de 200 años de vida independiente, es hora que no hay registros de que alguno de sus presidentes de todo ese lapso haya dicho alguna vez una mentira, mucho menos durante su penúltimo año de gobierno.

Esto va para largo, así que le seguimos en la próxima entrega.