PUENTE NEGRO

Morir en la raya/bajo ruedas

Por Guillermo Bañuelos

Peatón, trepa los puentes ‘peatonales’ para cruzar la calle. Si no, puedes morir bajo las ruedas de un coche pues ¡primero los carros! El automovilista es un VIP y no debes pedirle que mueva su piecito y frene.

Sin averiguar mucho, el común de los culichis resume en una frase lacónica por qué conducimos tan desenfrenadamente: ¡Es que no hay cultura vial! Ah.  Pero con sólo cruzar la línea que nos separa de EU, un aire primermundista  impregna nuestro ser y nos convierte en los mejores conductores del mundo. Mejor que los güeros, incluso.

Créalo: mientras en Culiacán aceleramos, abusamos del  claxon, ofendemos al que invade la calle y dirigimos el vehículo contra quien ose cruzar frente a nosotros, en EU respetamos la velocidad permitida, sonreímos a los primos del norte y hacemos alto total en todos los cruceros.  ¿Un traguito de alcohol? Ni pensarlo.

¿“No hay cultura vial en Culiacán”? No es cierto del todo.

Hace unos años, nadie usaba aquí el cinturón de seguridad. Pero el gobierno se propuso luchar contra esta negligencia e inició una campaña de persuasión muy eficaz en la que puso al frente a hermosas jóvenes que invitaban a usar este dispositivo salvavidas, primero, y, a los pocos meses, aplicó infracciones.

El resultado fue que todos los habitantes de este mal llamado ‘pueblo bronco’ usamos, por fin, el cinturón. No obstante -he aquí lo triste-, con el paso de los años, los agentes de tránsito relajaron la vigilancia y, de nuevo, muchos conductores no abrochan el cinturón a su cuerpo.

En estos momentos, el alcalde Jesús Estrada Ferreiro impulsa una tarea parecida que parece imposible: el rescate del espacio público invadido por vendedores ambulantes, particulares, autos estacionados sobre las banquetas y hasta familias con necesidad de un terreno para vivienda, que obligan a los peatones a caminar por las calles.

 Si el presidente municipal de Culiacán persiste con un plan de trabajo similar al que empleó la autoridad para imponer el uso del cinturón de seguridad, seguramente regresará a los ciudadanos el derecho a caminar con seguridad y el derecho a gozar de los espacios públicos de su ciudad.

Enhorabuena.  Ahora hagamos que esto suceda pues el resultado de estas conductas nocivas es que Culiacán –y Guasave también-  aparece año con año entre los lugares en que se registra mayor número de víctimas en accidentes viales y atropellamientos, incluyendo de niños (en 2015, la ciudad de Culiacán ganó el nada honroso primer lugar entre los municipios del país con más infantes muertos en eventos de tránsito).

Este tema es tema de hoy en Puente Negro por su asociación con una nota de prensa perdida en algunos diarios impresos y digitales, quienes dan cuenta de que en la ciudad de Morelia, Michoacán, el alcalde Raúl Morón anunció que el ayuntamiento removerá  el 70% de los 56 puentes peatonales existentes.

Como primer paso hacia un mejor aprovechamiento del espacio público, decidió quitar un primer puente ubicado en la avenida Héroes de Nocupétaro y, en su lugar, construirá el primer “Cruce Seguro”, un diseño del espacio público debidamente trazado, a nivel de banqueta y con espacio suficiente y seguro para el uso de los peatones.

Además de no respetar lo que ordena la reglamentación municipal, otro factor que determinó la decisión fue que  la velocidad estipulada para calles en donde se encuentran edificios públicos, de 30 KPH, no es respetaba por los conductores debido a la existencia de un puente peatonal, además de que el recorrido al que era obligado el peatón, de 174 metros, se reducirá con el este “Cruce Seguro” a sólo 30 metros y ahora con banquetas. La limitación principal para ejecutar este programa es que cuesta mucho dinero desmontar estas estructuras.

No obstante, si se quiere, se puede. El alcalde encontró ya una solución sencilla: retirar las escaleras y las rampas para evitar que la gente use estos puentes y, en lo sucesivo, camine sobre cruces seguros.  

DOS A LA SEMANA

¿HABRÁ PURGA EN MORENA?

Jorge Eduardo Aragón Campos                              jaragonc@gmail.com

Insisto en que el mayor error de la 4T es su estrategia de comunicación. Al contrario de los últimos cinco años, donde el distintivo de su mensaje fue la unicidad y direccionalidad sobre ideas muy claras y concretas, contrapunteadas a la desastrosa gestión de Peña Nieto, hoy están enfocados hacia… ellos mismos.

La marcha “fifí” del cinco de mayo fue un asunto menor, sin duda, pero recibió oxígeno de unos contrarios que reaccionaron como elefante histérico frente al ratón, convirtiendo lo que unánimemente era un despropósito inicial (renuncia López), a un torpedo cuyas averías obligaron a ejercer control de daños del propio presidente, quien esta vez -digo yo- se vio falto de reflejos con una respuesta que convalidó la absurda exigencia: si quieren que me vaya, el referéndum para la revocación será en el 2021. Para haber estado tan desairada la respuesta del público hacia la convocatoria, no es un logro menor que el propio presidente le diera el estatuto de  ejercicio previo al referéndum.

La 4T se ha entregado con fruición a construir una nueva narrativa, cuyo eje ya no son primero los pobres, sino un culto a la personalidad tan excesivo que ya rompió fronteras que aquí en México con todo y todo considerábamos fijas, como la de pretender añadirle al poder político atributos divinos, lo cual “es peor que un pecado, es un error”. Uno de los mayores logros de MORENA, fue conectar con un gran número de mexicanos que se habían resistido a dar su apoyo a López Obrador: logró estar en el lugar y en el momento correctos para ofrecer redención ante la crisis de conciencia nacional, producto de reincidir con el PRI ante la decepción total en que derivó el PAN “después de su brega de eternidades”. Me imagino que en algún lugar de su closet, ustedes ya saben quién ha de tener una hebilla de oro que dice “Gracias, Enrique”.

Entre las encuestas sobre la popularidad presidencial y el paseillo de la 4T por la cristalería nacional, nadie señala el enorme desgaste que ya sufre MORENA, desproveído de ideario y personajes mínimamente presentables: aún no llegan las elecciones de este año y ya es la misma clase de agencias de colocaciones que todavía están ahí enfrente. Para mayores señas, aconsejo remitirse al domicilio que señala como “lugar de nacimiento” la respectiva acta del PRIMOR. El otro elemento inquietante es la brutalidad de su canibalismo tribal, exacerbado por el estímulo divisionista propio del acceso al poder y que, viendo el ritmo que lleva, muy pronto acabará por destruir ese proyecto al que ya no me atrevo a llamar de izquierda.

Sí, sí, muy apocalíptico de mi parte y por supuesto puedo estar rotundamente equivocado, pero el propio triunfo electoral del año pasado constató que las guerras no las ganan los que combaten mejor, las ganan los que cometen menos errores y MORENA ya acumula demasiados; de hecho, hace siete meses, en octubre anterior, publiqué en este mismo periódico (Proyecto 3) “El Principio de Pedro”, en obediencia a lo evidentes que resultaban ya estos mismos problemas, así como las consecuencias que podría acarrear; con ese referente, mi valoración es que de mal, esto se fue a peor.

PUENTE NEGRO

Caen a pedacitos y aprisa las casonas y la historia del viejo Culiacán 

Por Guillermo Bañuelos

Casi siempre ocurre en sábado. De noche. Con permiso oficial, o sin él, caen a pedacitos y aprisa las viejas casonas y los edificios que atestiguan la historia de esta ciudad mal amada, no comprendida, enmarañada.

El destructor  llega de noche, como el ladrón. Enciende la máquina poderosa y echa abajo y a golpes los muros, los portones y los  techos antiguos; impasible, borra a golpes  la tradición y las leyendas viejas escondidas en sus rincones.

Así mueren los testigos de nuestra historia y se deforma lo que alguna vez  nos dio identidad y el … es mi orgullo ser de Culiacán que cantó El Negrumo.

Contemplamos la tragedia una generación de sinaloenses impotente, insensible e indiferente. Ya no somos aquellos 40 mil habitantes de los 40 del siglo pasado, sino casi un millón de seres que luchan exclusivamente por lo suyo, sin comprender ni estimar el valor de una ciudad que, paradójicamente, los acoge junto con sus hijos.  El fenómeno espera la intervención de académicos, de funcionarios responsables y de ciudadanos valiosos y valientes que amen y defiendan su ciudad.

La defensa del viejo Culiacán tal requiere la búsqueda y la organización de sinaloenses extraordinarios: que guarden recuerdos de aquellos rincones en los que tuvieron sus primeras citas, sus primeros sueños y aventuras; que conserven, añoren o amen las anécdotas, los tesoros y los archivos de sus padres y abuelos.

Muy cerca de Culiacán, en octubre de 2018, un grupo de ciudadanos del puerto dieron los primeros pasos para que la UNESCO incluya a Mazatlán en la Lista Mundial de Ciudades Creativas a través de su rica gastronomía.

Tal vez algunos de estos mazatlecos nos enseñen a los culichis –si lo deseamos- cómo cuidar el patrimonio.

LA DEVASTACIÓN

La destrucción del viejo Culiacán se intensificó a partir de los 40, al despertar la ciudad de un largo sueño cuando el gobierno construyó una enorme red de infraestructura hidráulica que convirtió al valle en un potente productor y en exportador principal de hortalizas al mercado norteamericano, una actividad que produjo la captación de cientos de millones de dólares y el desarrollo de una nueva casta de familias ricas.

El boom económico estalló al mismo tiempo que la caída de algunos íconos que dieron grandeza y esplendor a la pequeña ciudad, como el Teatro Apolo y otras edificaciones emblemáticas.

La huella de los años recientes, empero, no es cordial. La urbanización acelerada de una nueva metrópoli mal planeada y la irrupción de una economía terciaria arrasa con lo que puede.  Demencialmente, en diciembre pasado amaneció hecha polvo una de las casonas más bellas de la ciudad, ubicada en la esquina de  Morelos y Paseo Niños Héroes. En pocas semanas, el lote fue ocupado por un nuevo edificio feo y grotesco propiedad de una potente cadena de tiendas de conveniencia especializada en la venta de bebidas alcohólicas. El rojo sangre que distingue al logotipo de la tienda domina ahora el paisaje urbano de uno de los rumbos más bellos de la ciudad de Sinaloa.

La destrucción de la edificación generó algunas protestas, sobre todo en redes sociales. Fue un pequeño clamor de rechazo que se apagó muy rápido y sin causar efectos importantes.

La semana pasada, enfrente de ese mismo punto, la edificación conocida como ‘Casa Tamayo’ fue echada abajo, lo que produjo sólo algunas reacciones de inconformidad.  Nada perece detener la demolición.

La Cédula de Identificación Básica de la ‘Casa Tamayo’ fue elaborada por el IMPLAN en 2009. Paradójicamente, es la número 0001 en el Catálogo de Bienes Inmuebles Históricos y Artísticos del Plan Parcial Culiacán Zona Centro, vigente  desde el año 2010.

El Catálogo referido fue elaborado por el Ayuntamiento de Culiacán, el IMPLAN y el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) con el propósito de proteger el patrimonio edificado de la ciudad,

Cédula Básica-Levantamiento de Bienes Históricos y/o Artísticos

La Cédula de la ‘Casa Tamayo’ registra como fecha de levantamiento/elaboración el mes de junio de 2009. Consigna que la modificación ocupaba un mil 260 M2 y tenía una superficie construida de 898.17 M2.  Fue catalogada con un nivel patrimonial Medio, de uso habitacional, nivel patrimonial y de protección MEDIO, arquitectura y fachada original en buenas condiciones y daños menores.

Esta belleza etiquetada con la Cédula 0001 ya no existe.